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Música para nuestros oídos
Las palabras son enanos, los ejemplos son gigantes.
Cajita de música, las personas se asemejan siempre a las cajitas de música… ¿sabes por qué? Porque… algunas tienen muchos adornos, pero por dentro están vacías… Otras no tienen adornos, pero por dentro tienen todo un jardín o están llenas de gemas brillantes.

Otras, cuando las abrimos nos muestran su interior lleno de recovecos y muchas veces nos perdemos entre sus laberintos… luego, están aquellas cajitas que son transparentes, que las vemos con solo darles una mirada y sabemos cómo van a actuar siempre

Y siempre se me ha ocurrido que las personas son cajas musicales que sólo conocemos y amamos luego de oír la música de su interior. Porque esa música tiene algo de magia, algo muy hermoso lleno de vida, algo de muy dentro de su alma.

Y es lo que me ha pasado, he sentido la música de sus almas y precisamente por ello, quise enviarles la música de mi alma en esta cajita que les regalo hoy… para los que están y para los que por algún motivo no están y para los que espero que vuelvan.

"Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el arte de vivir juntos como hermanos".

Nadie… nadie alcanza la meta con un solo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación, ni alcanza la altura con un solo vuelo. Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces… nadie recoge cosechas sin probar muchos sabores, enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra.

Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones, ni se mete en barco sin temerle a la temperatura, ni llega a puerto sin remar muchas veces. Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas, ni recoge rosas sin sentir espinas. Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad. Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible. Nadie conoce la oportunidad hasta que ésta pasa por su lado y la deja ir. Nadie deja de llegar, cuando tiene la claridad de un don, el crecimiento de su voluntad, la abundancia de la vida, el poder para realizarse y el impulso de la fe. Nadie deja de arder con fuego dentro de nadie. Nadie deja de llegar cuando en verdad se lo propone. Si sacas todo lo que tienes… ¡Vas a llegar!

La enfermedad del miedo
Al miedo hay que asustarlo. El conocimiento, el saber, la razón y la lógica, pueden aminorar algunos miedos y eliminar otros de manera radical, sin embargo, no proporcionan necesariamente coraje.

La valentía es una actitud, como decía Descartes, que tiene bastante de pasional. No podemos vivir sin arrojo, lo necesitamos para amar, para llorar para gritar, para defendernos, para renunciar, para combatir, para decir no, para ser felices y para mil cosas más.

El coraje es el motor de la existencia digna. Ser valiente no es ser suicida, sino mezclar pasión y razón para sostenerse un minuto más que los demás en la situación temida.

Aguanta un segundo más y serás condecorado. El héroe no desconoce la adrenalina, la vive intensamente, la soporta hasta alcanzar su meta, la padece de manera consciente.

No hay heroísmo sin tozudez y no hay valentía sin esfuerzo. La persona que ejercita el coraje con virtud jamás olvida la excepción de la regla, es un experto en discriminar cuando se justifica y cuando no, reconoce que para exponer las armas también se necesita coraje.

En la ética, Espinosa dice: "En un hombre libre, pues, una huida a tiempo revela igual firmeza que la lucha; o sea, que el hombre libre elige la huida con la misma firmeza o presencia de ánimo que el combate".

Yo agregaría que, además de la grandeza moral, se requiere de inteligencia práctica: capacidad de pensar y evaluar las consecuencias.
Para que el coraje sea virtuoso, además de un corazón enardecido, se necesita un cerebro bien puesto.

Prudencia no es cobardía. En psicología clínica, la regla principal para vencer el miedo sin fundamento (es decir, el que no se desprende de la realidad objetiva), es enfrentarlo, exponerse a él y agotarlo, extinguirlo.


Obviamente, muchos de estos actos de valentía deben ceñirse a ciertos procedimientos técnicos, ya que si la exposición en vivo está mal planteada, el paciente puede sensibilizarse en vez de desensibilizarse. Las personas a quienes les gusta explorar, innovar y abrir nuevas puertas, husmear en lo desconocido, crean mayor inmunidad al miedo que aquellas que viven restringidas, limitadas y agarradas a sus fuentes de seguridad. El principio de la exposición activa propone un estilo orientado a asumir los riesgos necesarios para vencer el miedo psicológico y ponerle el pecho al desaliento.

Es imposible superar el temor irracional, cualquiera sea, mirándolo a la distancia, negándolo o escapando. Si el miedo es absurdo, hay que aventurarse y meterse en el ojo del huracán, ya sea con ayuda profesional, como sea, hay que luchar contra el miedo patológico, o si quieres, hay que “sufrirlo” un rato, empezar a faltarle el respeto, molestarlo y hasta tomarle el pelo.

Hay que retarlo, llamarlo, invitarlo a entrar y jugar de local: hay que asustar al miedo para perder el miedo.
(Walter Riso)






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